lunes, 30 de junio de 2014

Cuando envejecemos cambia nuestro rostro

En busca de la eterna juventud, ese momento en el que te das cuenta que ha aparecido la primera arruguita y te das cuenta de que estás creciendo, de que el tiempo pasa. A la primera viene la segunda, y a ésta la tercera. Llegan las cremas, los tratamientos... el combate antiedad ha empezado, pero la verdad es que no sólo son arrugas, nuestro rostro entero cambia al envejecer. 


Grace, la mítica Grace Kelly es uno de los rostros más representativos del panorama mundial. Es considerada una auténtica belleza pero dicen que no llevó muy bien eso del paso de los años. En ella comprobamos claramente los cambios del rostro.

En su juventud Grace contó con volúmenes muy equilibrados y una piel muy tersa y luminosa. Los rasgos muy marcados y definidos, ojos grandes, labios carnosos... convirtiéndola en un rostro histórico. Con el paso del tiempo adquirió otro tipo de características, el rostro empezó a perder elasticidad y se volvió menos terso, sin embargo, siempre guardó una elegancia natural.






El tiempo pasó por su rostro pero nunca perdió la elegancia. Grace Kelly es el ejemplo más gráfico que nos muestra cómo nuestro rostro cambia al envejecer, no sólo superficialmente. 


El doctor Antonio Porcuna, un especialista de reconocido prestigio en rejuvenecimiento facial, ex presidente de la SECPRE (Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética), lo explica muy bien:
Hoy sabemos –expone el Dr. Porcunaque el descolgamiento o flacidez a ras de piel y el consiguiente marcado de las arrugas no son, ni muchísimo menos, los únicos ni primordiales ‘enemigos’ de la juventud del rostro. Que cuándo envejecemos,  nuestra cara cambia (llegando a variar incluso nuestra expresión original, la de la juventud) a muchos niveles. También, que en dicho cambio participan multitud de elementos, incluso,  mucho más cruciales que la pérdida de tensión cutánea y las arrugas, como son el ‘hundimiento’ y desplazamiento de volúmenes grasos y de estructuras óseas, que derivan en el desdibujamiento de los rasgos (que según cada tipo de rostro o estructura facial de origen se producirá de una u otra manera). También resulta crucial el aspecto ‘apergaminado’ de la piel: su pérdida de tersura, luminosidad, jugosidad y, en definitiva, vitalidad”.


La guerra anti edad ha comenzado, pero algunas batallas ya las tenemos perdidas. Un besazo chicas, nos vemos en las redes @kellyboops o facebook Estar Guapa es un Buen Plan